Si sueles leer mi newsletter, sabrás que desde que empezó el confinamiento no he podido leer gran cosa. La verdad es que han sido pocos libros pero todos ellos me han sorprendido mucho y los he disfrutado desde el principio hasta el final. Un poco como me ha pasado con Agua salada de Jessica Andrews.

Cuando lo empecé sabía que tenía muchas papeletas de que me gustase (al igual que me pasó con Algo en lo que creer). Pero no tenía ni idea de lo mucho que iba a disfrutarlo. De la autora que descubriría al final. Y de lo mucho que me iba a acompañar durante el mes de junio.

Jessica Andrews vive en Barcelona y, tras perder a su abuelo, se mudó a su casa en Irlanda para escribir en este libro. Puede que encuentres muchas semejanzas entre Jessica y Lucy, aunque la autora afirmaba que solo había cogido algunas pinceladas de su vida para hacer esta ficción más emocional, visceral, creíble.

En cuanto leí el argumento de Despojos de Rachel Cusk, sentí una atracción inexplicable ante el libro. Últimamente me gusta apostar cada vez más por aquellas historias que aunque te cuenten cosas que hayas podido leer en otro sitio, se centran en sentimientos y en emociones, y en cómo los hechos que van sucediendo trastocan y envuelven a los protagonistas. Y en este caso, además, la historia se basa en las propias vivencias de la escritora, lo que hace todavía más atractivo el libro.

Ha sido la primera vez que he leído a Rachel Cusk, tras ver cómo la Editorial Libros del Asteroide publicaba cada año libros de esta autora, y debo reconocer que su forma de narrar y su lucidez me han conquistado totalmente. Su discurso está plagado de sinceridad, de vísceras, sombras, luces y reflexiones.

Mi marido y yo nos separamos recientemente y, en cuestión de unas semanas, la vida que habíamos construido juntos se desarmó, como un puzzle convertido en un montón de piezas con los bordes recortados.

Despojos de Rachel Cusk. Página 1.

Algo en lo que creer de Nickolas Butler ha sido mi "libro de la cuarentena". Literalmente, lo empecé un día antes de que el Coronavirus arrasase con nuestros hábitos, costumbres y rutinas.

Así pues, casi como una especia de salvavidas, mi inconsciencia me animó a acercarme a Nickolas Butler, algo ya familiar y cercano, para que me sirviese de guía durante las primeras semanas. Y vaya si lo hizo. Aunque mucha gente empezó a leer sin parar, a mi me costaba tanto casi como si se tratase de unos deberes. Aunque mi sentimiento no era exactamente de rechazo.

El libro fue como cuando te compras una tableta de chocolate y vas poco a poco comiéndote una onza diaria para que no se te acabe del tirón y sientas el vacío de la despensa. Cada ratito que sacaba ganas y energía, volvía a Algo en lo que creer y me imaginaba esos escenarios agrestes, los árboles del otoño, las camisas de cuadros y las furgonetas rancheras. Tras leer Canciones de amor a quemarropa y En el corazón de los hombres, Nickolas Butler ha vuelto a crear una historia de esas que te reconfortan, te acompañan de la mano y te hacen sentir como en casa. Aunque tenga una base real y un contexto de denuncia.

Hay libros que llegan a ti por recomendaciones, por eco de la prensa o porque te los presta un amigo. Pero hay otros que llegan por serendipia y, cuando eso ocurre, surge la magia. Como me pasó con La Librería Ambulante de Christopher Morley, publicado por la Editorial Periferica

Te pongo en antecedentes: ese mes tocaba un "libro de viajes" en el Club de Lectura MadriLeo. Cada mes, cada uno de los miembros, proponemos un libro para el siguiente y votamos. No pensaba plantear ninguno porque no tenía ninguno en mente... hasta que me topé con este por casualidad. Y debo reconocer que se ha colocado en una de las lecturas que más me ha gustado este año. 

De hecho, ni si quiera había oído hablar nunca de él ni lo había visto en ninguna lista de recomendaciones. Pero, si te gusta leer, es bastante probable que te lances a él de cabeza. Y que te acabe encantando.

Creo que La Antigua es una de mis tiendas favoritas del universo. Siempre que paso por su puerta (y vivo extremadamente cerca, de verdad) me paro frente al escaparate para analizar todos y cada uno de los detalles que tienen. Y es que, gracias a este oasis, he descubierto a muchas artistas ya que suelen tener láminas y productos personalizados. Pues bien, una de ellas fue Ana Jarén. En cuanto vi allí sus láminas me enamoraron los colores y sus dibujos estilizados y detallistas, siempre rodeados de desayunos increíbles y de detalles familiares. Por ello cuando vi entre las novedades de febrero que saldría publicado Amigos de Ana Jarén, supe que iba a merecer la pena.

La autora Sally Rooney aterrizó en el panorama editorial como un ciclón: a su paso revolucionó el sector literario provocando reacciones tanto de la crítica como de los lectores. Tras vender miles de libros, llegó a España con su primer trabajo: Conversaciones entre amigos. En él contaba la historia de un chica que conocía y empezaba a salir con un hombre que tenía una relación abierta. Tras él se publicó en 2018 Gente normal y, en 2019, por fin llegó a nuestro país.

Tras sus dos libros, la autora irlandesa ha provocado muchos comentarios. Hay algunos que decían que estábamos ante un nuevo talento literario, "la escritora millennial" (cada vez que leo esto invoco a Ally Mcbeal). Otros han criticado la inmensa campaña de marketing y publicidad que ha acompañado a la escritora, defendiendo que no era nada de otro mundo. Yo he leído sus dos libros y, tras dejar un lapso de tiempo para digerir la lectura, debo reconocer que me gustó bastante aunque hubo cosas que me hubiese gustado que fuesen diferentes.

¿Recuerdas cómo imaginabas tu época adulta? ¿Tendrías un trabajo y una carrera brillante? ¿Una casa de diseño? ¿Una pareja perfecta? ¿Viajes internacionales con frecuencia? ¿Un sueldazo? Bueno, no te desanimes si la realidad es un tanto diferente a lo que soñabas. Ana Oncina, en Los Fucking 30, hace un repaso a las distintas expectativas que a veces nos planteamos y cómo afrontamos las diferentes situaciones con mucho, mucho humor.

El cuento de la Criada fue una de mis lecturas favoritas de 2017, de ahí que me hiciese tanta ilusión el lanzamiento de Los Testamentos de Margaret Atwood. Descubrir la pluma de esta autora y todo el mundo que había creado, hizo que me explotara la cabeza. ¿Cómo no me habían hablado antes de este libro? ¿Por qué no era tan conocida? ¿Cómo podía recrear de una forma tan espeluznante y real un futuro distópico tan inmediatamente posible?

Existen libros sobre muchas cosas: Libros sobre ciencias, naturaleza, música, cine... libros sobre distintas narrativas... y también libros sobre libros. 84 Charing Cross Road de Helene Hanff, es uno de esos libros que habla sobre otros libros y de las personas que aman la literatura.

84 Charing Cross Road llegó a mis manos por casualidad: Fui a la librería Re Read de Calle de O'donnell y allí Sergio Sancor se encargó de hacer magia. Yo no llevaba ninguna idea ni buscaba nada en concreto. Pero él se encargó de sacarme varios libros que sabía que me iban a gustar, y vaya si acertó.

Desbloqueas el móvil, entras a Instagram y ¡bum! cientos de vidas pasan ante tus ojos. Viajes, comidas, cafés con encanto, lecturas inabarcables... Lo que comenzó siendo como una red social más, se ha convertido en un mundo idílico, perfecto, en el que los sentimientos negativos o incluso la realidad imperfecta (con sus tonos de gris y fealdad), no tienen cabida.

Berta Bernad, la autora de Mi nombre es Greta Godoy, fue una de las primeras influencers con proyección internacional. Ella vivió en primera persona todo lo bueno que ofrecía la red social: Cariño, regalos, reconocimiento, e incluso la posibilidad de ser su propia jefa gracias a su fotografía. Sin embargo, también vivió lo malo: La constante necesidad de tener que alimentar al algoritmo de Instagram, lo irreal que supone parecer siempre feliz y tener una vida de ensueño, lo rápido que transcurre todo entre eventos o el compromiso que creas tanto con la audiencia como con las marcas.

Tras esta experiencia, Berta decidió que el mundo "influencer" no le llenaba y que no terminaba de encajar con ella. Que le agobiaba. Con más de 100.000 seguidores a sus espaldas, cerró el perfil y, lo que vino después, inspiró esta historia que mezcla la ficción y la realidad para llegar al público más joven y transmitirle un mensaje: Hay que aprender a vivir con las redes sociales, sin que se adueñen de nuestra vida, y sin que la monopolicen. No hay que dejarse llevar por la vida utópica que nos enseña Instagram ni permitir que nos separen de las cosas que de verdad importan.

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