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Artículos de opinión

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Artículos de opinión

    Artículos de opinión

    El lado oscuro de los blogs literarios

    Hablemos sobre los blogs de literatura
    Créditos de la fotografía: Linus Ekenstam

    Hace unos meses, escribí un artículo en el que hablaba de la importancia de la crítica literaria. Para los que lo leyerais, imagino que sabréis más o menos cuál es mi postura ante la pregunta ¿Qué factor juegan los blogs literarios en la promoción de la literatura? Aunque es una pregunta que me ha rondado la cabeza durante mucho tiempo, ahora os la traigo aquí por un artículo que leí en Factoría de Autores en el que se criticaba de forma directa a estas bitácoras. 

    Este portal publicó una serie de artículos en los que cargaba con los blogs de literatura y donde cuestionaban temas como «¿Son útiles los blogs de literatura? ¿Están preparados sus gestores para realizar este tipo de trabajo? ¿Qué se puede o se debe esperar de una reseña?«. Haciendo un análisis de los artículos, podíamos comprobar como el auténtico germen radicaba en la cuestión de los envíos editoriales. Es decir, el envío de ejemplares de prensa a bloggeros con la finalidad de que éstos hablasen en sus blogs. Recalcaré que no conozco al autor del artículo y que no tengo ninguna intención de cargar contra su trabajo, pero al tratar estos temas de forma generalista, he sentido la necesidad de hacer este artículo para aclarar una serie de aspectos y demostrar su equívoco. 
    «Los blogs literarios no suelen estar a la altura»
    En primer lugar, ¿qué tipo de canon existe para medir la «altura» a la que deberíamos someternos? ¿acaso debemos someternos a algo?

    Si los blogs (en general) son conocidos, es por el carácter subjetivo que impera en ellos. No tienen popularidad por ser expertos reconocidos en crítica literaria pero, ¿eso supone que no debemos hacer reseñas? Si nos gusta, disfrutamos haciéndolo y además recibimos feedback… ¿Por qué no continuar haciéndolo? 

    En segundo lugar, ¿existe una buena crítica literaria? En el texto, se criticaba que en muchas de las reseñas se señalasen comentarios de tipo «me ha atrapado el libro«, «no podía parar de leer» y comentarios por el estilo. Y yo me pregunto ¿y? Es decir, si esa persona siente la necesidad de comentar cuánto le ha atrapado el libro en cuestión y que se ha emocionado con X pasaje… ¿por qué no ha de decirlo? ¿Acaso debe ceñirse en por qué piensa que un libro es bueno o es malo? ¿debe analizarlo como una máquina, sin más? Permitidme la puntualización, pero para dar una nota métrica y resaltar el argumento del libro, no se necesita una persona, Amazon puede hacerlo por ti. De hecho, en este tipo de cosas en las que los bloggeros se muestran como son y en los que los lectores pueden sentirse identificados, radica el éxito o el fracaso de un blog.
    Además de analizar un libro, creo que uno de los pilares de la crítica literaria es la promoción de la cultura. Si ésta se consigue siendo sincero y sintiéndote identificado con tus lectores… ¿qué hay de malo en ello?
    ¿Es útil la reseña de un libro?

    Otro de los temas a tratar era la cuestión sobre a que o quién debían estar al servicio las reseñas literarias ¿a la editorial? ¿al autor? ¿al lector? ellos decían que al libro en si. Y en parte estoy de acuerdo, pero no del todo. Bajo mi punto de vista, el libro es una mera herramienta para transportar la historia al lector. Al igual que en el cine, la película es la encargada de contar con imágenes el argumento de la misma. Por tanto, las reseñas deben estar al servicio del lector para así dar a conocer el libro y que éste pueda conocer la historia creada por el autor.

    Uno de los razonamientos por los que se resaltaba la inutilidad de las reseñas literarias, era que muchas veces las críticas no están sujetas a los plazos editoriales y, por tanto, no consiguen promocionarlo durante su «vida útil» (que el artículo estipula en un mes y medio).  Personalmente, me parece un sin sentido gigantesco. Por esta misma razón, la gente sólo leería novedades editoriales y descartaría el resto… y no creo que esto pase. Vale que no podemos comparar el libro de una persona anónima con un autor como Kerouac pero eso no quiere decir que publicar una reseña de un libro después de que haya pasado un mes y medio, convierta a la reseña en algo inútil. No existe ninguna ley que prohíba a los bloggeros hablar en su blog de libros que no sean novedades, por tanto pueden comprarse (o recibir) los libros que quieran y hablar como y cuando les venga en gana. En cuestión de envíos de editorial, ¿no tienen un equipo de comunicación que se dedica a decidir y estipular la campaña de promoción de los libros? ¿Qué culpa tiene un bloggero si solicita o simplemente recibe un libro? Esto es un hobby que por suerte genera beneficios: ya sea para el autor, para la editorial o el librero. Pero los genera. Y los «críticos literarios» (o bloggeros literarios) que hacemos esto, lo hacemos porque sentimos pasión por la literatura y porque nos gusta (porque recordemos que no recibimos dinero por ello, lo hacemos libremente por afición). Por ende, no necesitamos rendir cuentas sobre por qué hacemos lo que hacemos en nuestro sitio personal. 
    Sobre la recepción de ejemplares de prensa
    A grandes rasgos, parece que lo que realmente molestaba al autor del blog era que los bloggeros recibiesen ejemplares de prensa y realizasen las críticas. Este tipo de acuerdos (por llamarlos de alguna manera) se da entre dos partes. El bloggero (se supone) es una persona seria que habitualmente hace reseñas y que está acostumbrado a ello. La editorial es la que accede (o le pide) que reseñe uno de sus libros. Si la reseña no es «de calidad» o si el bloggero no lo hace bien… ¿no deberían decidirlo las propias editoriales? Sinceramente, creo que los blogs promueven, y muchísimo, la literatura. En especial entre gente joven. Han conseguido cautivar a cientos de personas e incentivar su hábito lector (cosa que conlleva un gran trabajo detrás) y no acepto que todo ese esfuerzo sea sólo por «recibir libros gratis». No creo que sea algo criticable, es un acuerdo entre dos partes. 

    El bloggero debe ser responsable y comprometerse a cumplir el trato (en este caso, hacer la reseña) pero a parte de ello, no creo que haya mucho más que se le pueda exigir a alguien que lo hace porque quiere. Recibir ejemplares de promoción es una recompensa al trabajo y dedicación que se muestra en el blog, pero ello no nos obliga a cumplir con los cánones de otras personas, ni a tenernos que adecuar a reglas de contenido o forma.  Si los envíos de editorial son una práctica habitual, considero que se realizan porque realmente merecen la pena y porque los blogs actúan de alguna forma en el proceso de la promoción del libro.

    La elección de los afortunados que reciban estos ejemplares es una decisión única de la editorial. Ya sea por la calidad de los textos o por la relevancia de la persona que está detrás del blog. Por tanto, más que dirigir las críticas hacia los blogs literarios, quizá deberían preguntar a las editoriales por qué cuentan con este tipo de colaboradores.

    En definitiva:  No ser «profesionales», no significa que no tengamos el derecho a hacer este tipo de colaboraciones o a hacer críticas literarias. No se puede generalizar en un terreno en el que existen miles de tipologías y donde hay tanta gente involucrada. Cada blog es un mundo y por ello cada uno merece su revisión.

    Al menos, esta es mi opinión. Aunque puedes dejar la tuya debajo (en los comentarios) y debatirlo.

     Nos leemos,

    (imágenes extraídas de Pinterest 123)
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    Requiem por los buenos dependientes de las librerías

    Cuenta la leyenda que hace mucho, mucho (mucho) tiempo existía una especie erudita que como habréis podido adivinar, hoy en día está casi extinta. Lo primero que debéis saber es que esta especie deambulaba por librerías, y era su hábitat natural.

    Ilustración de Srta. Rous

    En la época dorada, se les consideraban semi-dioses. En su interior albergaban todo tipo de conocimientos que los mortales querían poseer, y por ello eran preguntados continuamente. Se les abordaba detrás del mostrador, al salir del almacén e incluso entre estanterías.  

    Sin embargo, lo que hacía realmente especiales a estos seres no es que albergaran todo ese conocimiento. Era que la totalidad del conocimiento, lo adquirían a través de los libros. Podían pasarse horas y horas hablando sobre ejemplares, ya fuesen novedades literarias o grandes clásicos. Se sabían al dedillo los argumentos e incluso podían recomendarte libros con tan sólo ver hacia qué estante te dirigías. Sabían empatizar contigo y conectar su alma lectora con la tuya y hacerte comprar casi cualquier cosa que ellos te recomendaran… 
    Pero siglos después, estos seres se fueron extinguiendo. Poco a poco fueron desapareciendo, apagándose y neutralizándose. Terminaron por convertirse en meros transmisores de las «tendencias» y de lo que otros decían sobre lo que leían; llegó hasta tal punto que contestaban con monosílabos a las réplicas suplicantes de los consumidores o decían cosas como «ese libro tiene un título muy conocido, si llévate ése mejor». 

    Menos mal que siempre existirán los blogs literarios para ocupar ese vacío que nos dejó la extinción de los buenos dependientes de las librerías.

    Lejos de querer ofender a ningún librero o dependiente, he de añadir que este texto lo redacté tras tener una experiencia regular en una tienda que me gusta mucho.

    Fui a comprar un libro a la Fnac Alicante y le pregunté a un dependiente sobre qué libro me recomendaba llevarme entre todos los que tenía en la mano (de Jack Kerouac, William Burroughs y Charles Bukowski). No sólo no me ayudó si no que tampoco tenía idea de los libros sobre los que le preguntaba (algunos de la generación Beat, algo bastante conocido para casi cualquier lector, y más si te dedicas a vender libros). Me despachó rápidamente diciéndome que bueno, que comprara el título más conocido de los que tuviera en la mano. Este fue un caso aislado que ha provocado un texto exagerado, pero me hizo darme cuenta que hacía tiempo que ningún empleado conseguía ayudarme y venderme directamente un libro; y por ello quise hacer esta pequeña crítica.

    Obviamente no creo que deban leer todos y cada uno de los libros que hay en los establecimientos, pero a veces se echa en falta amabilidad y atención. No cuesta nada echar un vistazo en Google y revisar la puntuación que tiene el libro o comentarios al respecto, o tomarse la molestia de preguntar a algún otro compañero. En especial cuando estás dispuesto a comprar en su sección. Aún así, estoy segura de que hay muchos empleados que si son profesionales y que tienen devoción por la literatura.

    Nos leemos,

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    La piratería cultural: ¿cuestión de incultura?

    Uno de mis momentos favoritos del fin de semana son los domingos por la mañana. El de esta semana, empezó pronto y acompañado de la Cadena SER. Justo cuando entré en la cocina, daba comienzo una tertulia en la que tres ponentes hablaban sobre la piratería cultural, y acaparó toda mi atención.

    Esta tertulia me gustó especialmente por una sencilla razón: se centraron en la literatura. Aún así ro creo que se enfocó de una forma errónea, y por ello decidí escribir estas líneas. 
    Tras ofrecer una serie de datos acerca de los índices de piratería cultural del pasado 2013 y el descenso de las ventas «que estos actos provocan», procedieron a analizar el por qué de la piratería. Por qué los índices de descargas ilegales no hacen más que subir y subir pese a que se intenta incentivar los procesos de compra con nuevas metodologías. 
    Según los ponentes, una de las razones del por qué la sociedad española es un poco piratilla es que no tenemos inculcada una cultura en la que se aprecie el trabajo que conllevan los proyectos culturales. 
    La muestra de esta premisa la introducía el actor Pepe Viyuela (al que he de decir que admiro mucho). Contaba que en numerosas ocasiones se veía en la tesitura de estar con un amigo o conocido y que éste le pidiera una entrada gratis para ver la obra de teatro en la que trabajaba en ese momento. Comentaba que la única razón por la que alguien pudiera hacer esto, es que éste seguramente no sería consciente del coste de toda la producción.

    Es cierto que una representación teatral conlleva una gran cantidad de gastos (alquiler del espacio, sueldo de actores, especialistas, equipo técnico, peluquería, etc…; elaboración de decorados…), y que cuando pagas la entrada de una actuación, la gran cantidad de ese importe va a parar al pago de estos elementos. Por lo que en este caso estoy completamente a favor de esta postura pero…  ¿qué pasa en la literatura?

    Seguramente conozcáis páginas webs extranjeras en las que se vendan libros, ¿Verdad? Y pese a que son los mismos libros que tenemos en España (en otro idioma y con otra cubierta pero al fin y al cabo el mismo libro) lo curioso es que (comparándolo) el precio se dispara cuestionablemente en nuestro país. Muchas veces he leído comentarios tipo «la diferencia de precio se lo llevan todo los traductores» y siempre me da mucha pena. Porque ojalá fuera por eso. Y cuando leo este tipo de cosas si que me hace dudar el comentario de Pepe Viyuela.

    En cuestión de películas, por ejemplo, la llamada «Fiesta del Cine» ponía en alza que el público no es que no quisiera ir al cine, si no que no estaba dispuesto a pagar el precio actual de una entrada.

    ¿Vosotros/as pensáis que conociendo el coste (económico, físico y logístico) de la elaboración de los productos culturales la gente dejaría de piratear? ¿Creéis que es justo que se nos compare con Inglaterra, por ejemplo? Porque cada vez que sale a la palestra el tema de la piratería cultural, muchos se excusan diciendo que en el resto de Europa no existe la misma conciencia delictiva sobre este acto y que la población no realiza tantas descargas ilegales. Pero lo cierto es que los libros suelen ser más baratos allí, y los cd’s de música también.

    Creo que la Ley del Libro merece un artículo aparte que traeré pronto para explicarlo bien y analizarlo. Aún así, quería abordar este tema un poco antes. Tener a nuestra disposición una gran cantidad de libros a un solo click y completamente gratis, puede ser muy tentador. Pero cuando una persona es lectora habitual y valora el proceso de edición, no creo que ser pirata sea cuestión de incultura, si no del coste. Aunque ahora existan ebooks, kindle, etc… los precios siguen teniendo las mismas cargas que en 1975, pese a que la inversión cultural sea mayor, y también el consumo. Me niego a pensar que si los libros tuvieran un precio más asequible o incluso fuera posible realizar descuentos y promociones reales, la gente siguiera pirateando. 

    ¿Creéis que la Ley del Libro supone un impedimento entre el lector y la editorial? ¿Cuáles creéis que son las razones por las que la gente consume las descargas ilegales? ¿A quién benefician estos precios? ¿A las editoriales, a los libreros, a los autores, al Estado…? Yo soy de la opinión que dice que solo beneficia a estos últimos… Nos leemos, 

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    The show must go on

    Ser mujer es difícil. Puede que suene a un discurso más que dilatado, pero no por ello deja de ser cierto. Desde que nacemos hasta que rozamos la edad adulta, el recorrido de la mujer siempre es algo más complicado que el de un hombre porque pese a todos los adelantos tecnológicos que tenemos, sigue siendo un mundo masculino.

    Imagen promocional de la línea de ropa Violeta

    No me malinterpretéis, pero todos los grandes líderes (y por tanto manos poderosas) son hombres. ¿Que no me parece bien? Es cierto, pero no porque sean hombres, si no porque parece que solo hay hombres liderando… porque por culpa de esta realidad pasan ciertas cosas en la sociedad contra las que muchas veces no podemos luchar. 
    Un claro ejemplo donde la principal perjudicada es la mujer, es la famosa Ley del Aborto que en España tanto ha dado de que hablar. Dejando a un lado que hasta la Unión Europea ha insistido en el atraso que supone ética y socialmente esta Ley, a mi me gustaría ir más allá. Me gustaría resaltar que esta Ley ha sido formada por entes masculinos, entes que no son mujeres y por tanto no pueden saber qué siente, que piensa, qué sufre o cómo afronta las cosas una mujer. Sea cual fuera la decisión que pudiera tomar en caso de necesitar un aborto. Aún así, se creen que tienen el poder de decidir sobre otro cuerpo y con su futuro. Porque seamos realistas, conforme están las cosas, pueden.

    Imagen de Pinterest
    Otro ejemplo bien distinto es la moda. Desde tiempos inmemorables, la moda ha sido un terreno femenino. Por lo general, el público femenino se interesa más por las tendencias, la actualidad y los cambios en el paradigma de la moda. A muchas nos gusta ir de compras, yo misma me declaro fan de los blogs de esta temática y de las revistas. Pero aún así, sigue siendo un terreno liderado por hombres. Sólo hay que echar un vistazo al nombre del dueño del Grupo Inditex Amancio Ortega o ir más allá y mirar a los grandes diseñadores de alta costura. Con esto quiero decir que siguen siendo hombres los que dictan lo que se va a llevar, con qué patrones se mide la sensualidad y que queda bien según nuestro tipo de cuerpo.
    Imagen de Pinterest

    Pero también nos dicen cómo debemos ser. Esta semana, salió a la palestra una nueva línea de las tiendas Mango llamada Violeta. Violeta es una línea de ropa dirigida a gente con curvas. Hasta aquí nada raro. Otras marcas lo han hecho antes (véase ASOS Curve) y bueno, está bien que una tienda como ésta ofrezca mayor tallaje, puesto que las españolas somos por lo general, chicas con curvas. El problema es cuando se especifica que esta línea de ropa tendrá talla a partir de la 40, que no van a ser las mismas prendas que se venden en tienda si no una colección completamente distinta. Una temporada sosa, de colores básicos y ropa que parece pensada para señoras de edad madura, como si no hubiera jóvenes con una 40. ¿Creéis que esta decisión la tomaría una mujer? Eso no lo se, pero lo que sí se es que el director de RSC que ha cargado con esta iniciativa se llama Xavier Carbonell.

    Cuando lo leí puse el grito en el cielo. ¿El mundo es para las chicas de la 36-38? ¿Eso es lo que nos quieren decir? ¿Así es como los líderes quieren que seamos? ¿Debemos ser una Irina Shayk o una Megan Fox para que nos dejen triunfar? 
    Imagen de we heart it

    Pero después pensé en literatura. Comencé a preguntarme que si la sociedad y la moda estaban liderados por hombres, ¿era la literatura otro ejemplo de dominio masculino? Lo primero que hice fue buscar un ranking de «libros más vendidos en 2013«. Mi «sorpresa» fue que de los 10 libros más vendidos, 7 puestos estaban liderados por hombres. Vale, no era del todo una sorpresa… después de ver durante todo el año los libros, intuyes más o menos quienes van a ser los autores que más vendan. Pero después de esta confirmación, me interesé por los altos cargos de las editoriales. ¿Eran también hombres? Mi sospecha volvió a reafirmarse. El presidente del grupo planeta es el heredero José Manuel Lara Bosch. En Random House Mondadori (tras la fusión con el grupo Bertelsmann) es liderado por Thomas Rabe. Si echamos un vistazo a la Editorial SM, podremos comprobar como el nombre de Luis Fernando Crespo aparece como presidente de la misma. ¿En Alfaguara? Juan Cruz. ¿Esto significa que la literatura es machista?

    ¿En qué lugar nos deja esto? ¿Debemos resentirnos y aceptar estos cánones? Con estos datos y reflexiones, no quiero decir que las mujeres sean mejor que los hombres ni muchísimo menos. Este no es un discurso en pro del dominio de género, si no de la igualdad. Porque echo en falta nombres de mujeres poderosas, mujeres con poder por sus propios méritos y logros profesionales. Y para ello deben eliminarse las barreras de entrada (que si bien, la mayoría parece que son psicológicas por parte de la población).

    En definitiva, ‘The show must go on’, porque todavía queda mucho por lo que luchar. ¿Vosotros/as qué pensáis? Me gustaría saber vuestra opinión al respecto ya sea debajo de los comentarios o por twitter citando #SweetParanoia. Nos leemos,

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    Reivindicando la importancia de la crítica literaria

    Hace unas semanas, leí un artículo en Papel en Blanco que me dejó un tanto fría. En el post, se hablaba de los inicios de Amazon. Cuando la empresa americana liderada por Jeff Bezos se abrió, se creó un importante grupo formado por críticos literarios que comentaban y recomendaban libros a los clientes. 

    Pocos años después, se creó una especie de base de datos con la finalidad de poder recomendar libros a los clientes basándose en sus preferencias de compra individuales. Gracias a la tecnología y las herramientas de medición, se puede saber qué contenido visita el internauta, que páginas ve sin comprar, cuánto tiempo pasa en esas páginas y si a partir de esas, visita alguna otra web. Sin duda, Amazon ha sabido aprovechar todas estas cifras de datos y le ha servido para conseguir una gran cantidad de beneficios económicos. Esto puede resultar maravilloso pero… ¿Hasta qué punto es realmente bueno? Desde aquel entonces, Amazon se deshizo del grupo de críticos literarios y ahora sólo utiliza esta herramienta mecánica.
    Imagen de Jorge Lafforgue

    Puede que si pensáis en la figura del crítico literario, os venga a la mente la imagen de un señor de edad avanzada, canoso, con gafas de pasta e incluso puede que barrigudo. Si, un señor culto. De esos que ya no quedan. Un periodista de la antigua escuela, que conoce y podría recitar los antiguos clásicos de cabo a rabo y que jamás pondrá en la lista de «sus lecturas favoritas» ningún libro que no tenga menos de 50 años. 

    Pero si tenéis esta imagen, estáis muy equivocados. Cada vez, se suman a la blogosfera una cantidad mayor de blogs literarios en los que los lectores pasan a convertirse en críticos. Críticos que recomiendan libros, juzgan, alaban y critican sin temor… aunque no son profesionales. Y no penséis que no respeto a los profesionales como el señor Lafforgue, en absoluto. Sólo tengo admiración por estas personas. Pero desde hace años, las editoriales se han dado cuenta de éste fenómeno, y la mayoría envía ejemplares de prensa a estos aficionados críticos literarios con el fin de que hablen de sus libros (como es el caso de este lugar). ¿Por qué si grandes compañías como Amazon, utilizan ordenadores para recomendar y ajustar los gustos de sus clientes, estos portales cada vez tienen mayor relevancia? No me mal-interpretéis. Soy una de esas personas que están enamoradas de las tecnologías y que las acogen e incluyen en su vida… pero no para esto. 

    Recomendar un libro, ha de ser personal. No debe ser algo frío hecho por un ordenador. Tiene que plasmar emociones, comparar con otras lecturas, resaltar datos importantes para el lector, criticar los aspectos negativos y en definitiva, ser humano. Porque es increíble conocer a una persona, recomendarle un libro y que te diga que le ha gustado, como pensabas. Es cierto que todos los aficionados bloggers como yo, somos simplemente aficionados. No cobramos ni un duro ni hemos estudiado nada para hacer lo que hacemos y seguro que por esto último, tendremos mil fallos. Pero todos (profesionales o no) tenemos un único objetivo: fomentar la lectura. Porque la literatura no puede pecar de estereotipos. Porque cada lector es único y tiene unos gustos diferentes. Porque a un ordenador no puedes preguntarle directamente y nunca te conocerá bien (por mucho que Google se empeñe en lo contrario).

    No hay mayor regalo que una persona acuda a tu blog o te escriba por las redes sociales y te diga «Me ha gustado tu reseña, voy a leer el libro que me has recomendado», «Me has convencido con tu crítica», «Tenía ganas de leerlo, pero no estaba muy convencido. Ahora se que lo leeré«. Este tipo de frases, hacen que cada una de las palabras que tecleamos en nuestros sitios, estén bien pagadas. Porque no tenemos intenciones comerciales, porque tratamos con mimo nuestros textos y porque sentimos verdadero amor por la literatura. 

    Los libros no deberían ser recomendados por ordenadores, así que no dejemos que el papel del crítico literario caiga en desuso. 

    Nos leemos,

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    Cuando la literatura hace apología al machismo y la sumisión

    Viviendo como vivimos en el año 2013, puede que a los más jóvenes nos resulte extraño leer este tipo de noticias. Quizá concebir un estado de derecho anti-constitucional donde la mujer es sólo un mero ornamento servicial y una herramienta de reproducción dominada por «un macho alfa» (habitualmente su marido o su padre) nos suene a cuentos chinos; como si se tratase de una película de esas que emiten en Antena 3 los sábados por la tarde. 
    Pero la realidad es bastante más parecida a la ficción de lo que nos gustaría reconocer. Lejos de abordar las diferencias actuales en las que el sexo femenino es sometido diariamente, no he podido dejar pasar la oportunidad de hablaos sobre un tema de actualidad. Aunque seguramente ya lo hayáis visto en algún periódico os hablo de la decisión del Arzobispado de Granada de editar un libro titulado Cásate y sé sumisa. Donde anima a contraer matrimonio y someterse al marido, «ya que llevamos en nuestra naturaleza querer dominar todo lo que podamos».
    Esta noticia ha estallado como una bomba en nuestra sociedad. Que un representante de la iglesia sea capaz de denigrar y vejar de tal forma la figura de la mujer parece impensable en el año en el que vivimos. Puede que en época del Caudillo fuera un impuesto que se asimilara por ambas partes (una era aquella a la que le convenía y la otra a la que no le quedaba más remedio). ¿Pero hoy? No voy a entrar a criticar a la iglesia católica porque podríamos hacer un libro entre todos los casos que salen a la luz pero… ¿De verdad? ¿De verdad siguen pensando así? ¿Aún seguimos siendo siervas? ¿No ha servido de nada toda la lucha de miles de mujeres a lo largo de tantos años? ¿De verdad se creen que el hombre continúa en una situación de supremacía sobre la mujer? ¿Realmente continúa existiendo gente que mantiene este pensamiento? Me parece vergonzoso, deleznable, asqueroso, denigrante y enfermo. Pero hay algo que me preocupa más que este «manual italiano».

    Si bien este caso ha sido un elemento más a sumar a la indignación colectiva de la sociedad, cuando lo leí terminé de forjarme una idea que lleva rondando mi cabeza hace tiempo. Existe una temática que lleva unos años en alza: la romántica erótica. A simple vista, podríamos tomarlo como si fuera una liberación de la mujer. La liberación y eliminación de tabúes. La exploración de la sexualidad y el aprendizaje. Y es que desde que saliera la exitosa saga 50 Sombras de Grey, ¿cientos?, ¡miles! de mujeres se han proclamado seguidoras de ésta y se han vuelto verdaderamente locas con este fenómeno. Jóvenes, de mediana edad, madres mayores… ha afectado a todos los target femeninos por igual.

                                 

    Y no me mal interpretéis, siempre he defendido que los booms (pese a que tienen cosas negativas), siempre fomentan la lectura. Y desde luego éste lo ha hecho. Pero ha vendido una historia en la que una mujer se somete, se enamora y se proclama completamente dependiente de un ser machista y dominante que hace lo que le viene en gana. Y lo que me preocupa, como he dicho arriba, es que pese a tener estos valores, se ha convertido en un Best-seller. Tras 50 Sombras de Grey han sido numerosos los títulos que se han publicado emulando a esta saga, donde el rol de los personajes se repetía en distintas situaciones y lugares. Porque erótica siempre ha existido y siempre ha tenido fieles seguidoras. Pero ahora es cuando la mayoría de los protagonistas de estas historias se reparten los papeles de dominante y sumisa.

       

    No puedo evitar preguntarme:

    ¿Nos han vendido el pretexto de la liberación de la sexualidad femenina mientras que realmente se promulga la sumisión de género? 

    ¿Vosotro/as qué pensáis? Nos leemos,

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    La importancia de la Literatura Juvenil y algunas falsas afirmaciones

    Desde que somos pequeños y asistimos al colegio, una de las mayores preocupaciones de docentes y padres se centra en el tema del fomento de la lectura. Leer es imprescindible para tener una correcta redacción y comprensión. Talleres programados, charlas, lecturas obligatorias… existen cientos de planes revisados y aprobados por profesores y profesionales que no siempre acaban en triunfo. Tema que por cierto, abordaré en otro artículo.

    Por lo general se tiene la idea de que los jóvenes o los niños no tienen afición por leer pero si pensáis esto, estáis completamente equivocados. Se suele relacionar la Literatura Infantil-Juvenil con libros de narrativa didácticos, con moralejas, enseñanzas, cuentos, magia y quizá algo de curiosidad. Así como que este tipo de literatura es de una calidad inferior a otras temáticas sólo por «ir destinado a jóvenes».
    Sin embargo, conforme van avanzando los años, cada vez son más los aficionados a la Literatura Juvenil (y no necesariamente niños o jóvenes). Si echamos la vista atrás, han habido muchos sagas famosas como ‘Los cinco’ o libros infantiles como ‘Las aventuras de Tom Sawyer‘ que han hecho soñar y creer en la magia a muchas generaciones (sin obviar la importancia didáctica de estos). 
    Pero en los últimos años, si una saga ha sido culpable de éste gran fenómeno en el que se ha convertido este temática, ha sido sin ninguna duda, Harry Potter. Quizá porque J.K.Rowling pudo reunir en sus libros los elementos claves que lo convirtieron en todo un éxito: un libro debe engatusar a sus lectores, volverlos adictos a sus letras y dejarlos vacíos una vez lo han terminado pero sin olvidar temas como al calidad, el trasfondo y los valores. El pequeño mago, el ‘niño que sobrevivió’ encandiló desde abuelos hasta nietos. Pero además de entretener a numerosas generaciones y pasar a la posteridad, consiguió algo que muchos creían imposible y que deseaban con ganas: llegar a los más pequeños de la casa.

    Harry Potter abrió la veda: demostró que los pequeños de la casa podían leer libros extensos, seguir una saga larga y con una temática algo oscura, que podían enfrentarse a situaciones distintas y ampliar sus registros. Quizá fue en este momento cuando se empezó a ver la Literatura Juvenil con otros ojos, que verdaderamente un fenómeno de masas podía llenar hasta arriba los bolsillos de los escritores y editores relacionados, pero que además, podía unir a personas de distintas condiciones, gustos y costumbres sociales (sin olvidar el propio sentido de que un libro  «juvenil» pudiera convertirse en un mismo fenómeno de masas).
    Cada vez y con más frecuencia, podemos encontrarnos por Internet el término LIJ: LIJ son las siglas de Literatura Infantil y Juvenil. Los más pequeños utilizan las herramientas 2.0 para interactuar con amigos, pero también para descubrir próximas lecturas e incluso hablar sobre ellas. Si no, los blogs literarios no tendrían sentido (Y no sólo eso, si no que muchos jóvenes administran estos propios portales). Es por ello, que ya no se equivocan los que afirman que «los jóvenes no leen» si no que además, los más pequeños también son aficionados a la lectura. 
    Quizá forzar a los jóvenes -y no tan jóvenes- a leer determinadas lecturas clásicas o con las que no se sientan identificados, pueda influir en la dejadez y a la falta de estímulo por la lectura (a mi me pasaba, sin ir más lejos). También es cierto que muchas son necesarias para desarrollar las capacidades para leer, pero lo que quiero decir, es que la literatura no tiene edad, que todo el mundo pueden convertirse en grandes lectores, sólo que no todos han encontrado el libro que les sumerja en este mundo o no le han dedicado tiempo ni atención. Y que es muy importante potenciar el gusto por la lectura desde que somos pequeños para poder crecer con ella.

    J.K.Rowling fue una de las más influyentes pero ni mucho menos la primera. La británica quizá, fue una de las que ha obtenido mayor repercusión, pero en nuestro país, tenemos grandes escritores/as de gran talento que aportan cada año historias a nuestras estanterías. Laura Gallego, Jordi Sierra i Fabra, Lorenzo Silva, Care Santos, Xabier P. DoCampo, y un largo etc.
    Acertado el eslogan de los Juegos Olímpicos 2012: Inspire a generation , ¿Verdad? ¿Vosotros qué opináis de la LIJ? ¿ Creéis que está infravalorada? 

    Nos leemos,

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    Autocrítica: de profesión, blogger.

     Un tema un tanto polémico estalló la pasada semana, y no he podido evitar compartirla con vosotros. Por lo visto, ciertos bloggers (no voy a entrar en quienes han sido, que ya han habido muchos juicios de valores) han comenzado a cobrar a algunos autores por realizar reseñas sobre sus libros.
    He aquí cuando entra el conflicto de la ética. Se supone que hablar de literatura y reseñar los libros ha de ser algo objetivo, y por lo general, es un hobby reservado por los amantes de los libros. Pero cuando una persona cruza la línea y recibe una compensación económica ( y esta es la polémica) se supone que ya no es objetivo y como que le «vende» una reseña al autor positiva sin ni si quiere leer el libro con el objetivo de promocionar al autor ( y cobrar).

    A opinión personal, creo que se ha exagerado todo un poco demasiado. La verdadera polémica salió hace unos meses cuando se pilló a un internauta que vendía 20 reseñas por 500€ para posicionar el libro en Amazon. No creo que haga falta recalcar, que cuanto más famoso es un libro, más ventas recibe éste… sin importar mucho si es un librazo o no. Todo el mundo se ha escandalizado al respecto, «¿Cobrar? ¡Falta de respeto! ¡Eso se hace por amor a la literatura!» e incluso se han comenzado campañas en contra de estos actos.

    Entiendo perfectamente ambas posturas pero todas con un «pero». Me gustaría saber cuantos de los que han linchado a esas personas no darían lo que fuera por vivir de lo que hacen gratuítamente en su blog personal, porque vamos, sería mi sueño poder dedicarme a esto profesionalmente con un montón de medios a mi disposición. PERO, lo que no veo ético es que se «mintiera» o «escondieran» datos de una novela. Es decir. Me parece muy bien que existan bloggeros que quieran ganarse unos euros por su trabajo, pero delante de todo eso hay muchos lectores que depositan su confianza en ellos y que se guían a la hora de comprar (o no) un libro. Tener un blog es algo precioso pero que requiere mucho tiempo y de eso hay que ser conscientes. En mi caso, con recibir el ejemplar de una novela gratis ya me parece un buen trato, a cambio realizo su reseña. Pero cada uno pone sus condiciones, ¿Verdad?

     He encontrado muchos blogs que han hablado sobre ello. Os dejo un par de opiniones por si queréis contrastar: Love Secrets, Devoradora de Libros, Por supuesto esta es mi opinión, y estoy encantada de leer todas las vuestras.

    Todo este asunto, me ha llevado a publicar una POLÍTICA DE RESEÑAS.
    (Que podéis consultar haciendo clic en el enlace.)

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