Hace unos días me pasó algo increíble. Era algo con lo que siempre disfruto mucho: un amigo, poco lector, me dijo que tenía curiosidad por leer sobre feminismo, o libros más feministas. Aunque no me considero una experta en el tema, la posibilidad de acercarle a la literatura feminista me entusiasmó. Sin embargo, en cuanto me enfrenté a mi propia estantería, con mis títulos favoritos, me topé con ciertos prejuicios.

Hay veces, cuando lees un libro, que la trama te parece tan aterradoramente real, que pasas por sus páginas de puntillas repitiéndote una y otra vez "esto no pasaría aquí", con el objetivo de convencerte y sentirte un poco mejor. Por lo general el género de las distopías suele provocar en el lector el mismo sentimiento: miedo y curiosidad ante lo que podría pasar en un futuro cercano. Con The Handmaid's Tale (o el Cuento de la criada) pasa un poco lo mismo: nos provoca curiosidad por saber cómo sería esa realidad, pero nos trastorna y nos provoca escalofríos al caer en que podría darse perfectamente en nuestra sociedad.

Tenía este artículo escrito hace semanas, pero lo que vivimos el 8 de marzo me hizo sentir tantas cosas juntas que decidí reposarlo para intentar reflexionar en torno al papel de la literatura feminista en la lucha por la igualdad.

Nuestro día a día está marcado por el caos. Un caos que lo envuelve todo y que nos mece en un remolino de prisas, horarios y tensión. Quizá ésta sea una de las mayores causas por las que nuestras relaciones personales sean un desastre... y no es para menos. Hemos sustituido las conversaciones en torno a una mesa por vagos mensajes en WhatsApp a altas horas de la noche. No conseguimos estar conectados a le persona que tenemos enfrente, aunque tengamos tantas conexiones como nunca habíamos soñado. Nos pasamos el día despistados y pensando en cualquier otra cosa. Pero en especial en el mañana: Nos obsesiona ver qué va a pasar, olvidándonos de qué está pasando. Por ello me ha parecido muy interesante una de mis últimas lecturas: La persona incorrecta de Sara Herranz.

Tea Rooms: mujeres obreras fue el primer libro que leí del Club de lectura feminista de la Tribu celebrado en la Librería Muga de Vallecas. Ha sido una lectura que me ha hecho viajar a las anécdotas que mi madre me contaba de mi abuela y sus tías. De aquellos que vivieron la inestabilidad política y social del Madrid de los años 30. Ha sido una lectura que me ha sorprendido mucho y que he disfrutado, así que espero que os guste su reseña.

Nominado a mejor libro del año, aclamado por la crítica y un auténtico superventas. Las Chicas de Emma Cline ha sido uno de los libros que más ha dado de qué hablar este año. Y hoy os cuento por qué.

Existen muchos tipos de libros: los que te gustan, los que te sorprenden, los que te horrorizan y los que simplemente te entretienen. Después están los que te dejan una sensación de hogar y nostalgia al acabarlos, y precisamente, de uno de esos libros es de los que os voy a hablar hoy: Cómo se hace una chica.  

Caitlin Moran ha sido mi descubrimiento, en mayúsculas, de este año. Y, sin haber leído su primer boom literario 'Cómo ser mujer', me atrevo a decir que 'Cómo se hace una chica' ha pasado ha sido una de mis mejores lecturas del 2016.

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