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Desencajada de Margaryta Yakovenko

Libro Desencajada de Margaryta Yakovenko

Hay libros que entretienen, que acompañan y divierten en noches vagas. Otros que curan, que llegan justo en el momento necesario para aliviar algún dolor. Pero también tenemos otros, como en este caso es el de Desencajada de Margaryta Yakovenko, que escuecen. Duelen. Revuelven. Pero, después de todo eso, también calman.

Cuando terminé de leer Desencajada tuve que dejar el libro unas cuantas semanas (incluso me atrevería a decir, un mes) en barbecho. Porque me había removido tanto por dentro que sabía que la reseña me iba a costar. No escribirla, sino reunir todo lo que me había hecho sentir en un puñado de palabras. Así que, si te apetece saber más, echa un vistazo más abajo.

De qué trata Desencajada de Margaryta Yakovenko

En Desencajada, conocemos la vida de Daria, una chica joven que, siendo niña, emigra a España con sus padres. Son los 90, la época del bocadillo albal. La del «Primo Zumosol«. Los tazos. Pokemon. Las Spice Girls. Pero Daria tiene otros recuerdos de su niñez: ella recuerda cómo su madre hacía malabarismos para poder comprar ropa nueva; cómo su padre buscaba cualquier trabajo para sacar a la familia adelante, aunque estuviese muy por debajo de se cualificación. Recuerda cómo salía del colegio sola y con su llave iba a casa y esperaba a que sus padres saliesen de trabajar.

Porque si algo tienen las personas que dejan su país, son los recuerdos. Y la nostalgia. Daria recuerda cada detalle de su hogar en Ucrania y se agarra a ello porque, de alguna forma, para ella es su salvavidas.

Daria es el reflejo de tantas familias que vieron en España una oportunidad. No la de tener un hogar, sino la de tener un futuro. La de trabajar cientos de horas con la esperanza de ofrecer una vida mejor a su familia. Pero esta historia no trata de los padres, sino de los hijos. De cómo aprendieron a vivir en un país extraño con los fantasmas de otro país adorado y lejano. De sentir que no perteneces a ningún lugar en concreto. De llevar tatuado en la piel la palabra nostalgia y no conseguir quitarla pese a echar raíces y crecer en ese nuevo país.


«Si los lugares en los que nacemos y nos criamos forjan nuestro carácter, a mí me ha forjado la soledad. A los ocho años mis padres me compraron un móvil. Era el año 2000. Ningún niño tenía móvil en año 2000. Mis padres me compraron un móvil como sustituto de su propia presencia.» Pág. 27.


Lo que hace especial el libro

Desencajada de Margaryta Yakovenko, está escrito en primera persona. A lo largo de sus 33 capítulos, Margaryta mezcla la ficción con su propia historia, la de una emigrante. Una emigrante ucraniana. Pero también ciudadana española. Quizá por ello, el libro rebosa un realismo que duele e incomoda. Pero que te abre los ojos de tal manera que es imposible parar de leer página tras página.

El relato está plagado de nostalgia, soledad, tristeza… pero también de cierto toque de humor que te saca de los pensamientos de la protagonista para hacerte ver la crudeza del relato. No es una historia triste, es una historia dura. Dura porque es muy realista, y crítica. Una historia donde el pasado y el contexto generacional (tanto el de la autora como el de la protagonista) se entremezclan y te hacen pensar. ¿Qué es un hogar? ¿Se puede tener más de uno? ¿Hogar es donde naces o dónde creces? ¿Quizá donde está tu familia? ¿O dónde decides echar raíces?

Me ha encantado cada capítulo que he leído de Desencajada. También el detalle de cerrar cada uno con una palabra en ruso relacionada con lo que acaba de leer. He disfrutado muchísimo de lo genial que está escrito, con una contundencia y un detalle increíble. Con pocas palabras, Margaryta es capaz de crear una escena tan real como la de una película… Llegando a coquetear con nuestros propios recuerdos y nuestra infancia. Una infancia que me hizo pensar en lo distintas que habían sido nuestras propias historias habiendo nacido en el mismo año; pero también qué similares podían ser nuestras vidas pese a ello.

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