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El tren de los niños de Viola Ardone

El tren de los niños de Viola Ardone

Hay algo en los libros basados en historias reales que te produce cierto estupor. Es ese mismo sentimiento cuando miras casas que han permanecido cerradas desde hace tiempo pero intactas, como las dejaron sus dueños. Aunque nos duela asociar cierta realidad a la ficción, no puede compararse a lo que te conmueve cuando sabes que hubo personas que realmente formaron parte de esa realidad. Que lo vivieron. Lo sufrieron. Que formó parte de su propia historia. De ello se hizo eco Viola Ardone quien ha recogido en El tren de los niños una historia basada en hechos reales.

De qué trata El tren de los niños de Viola Ardone

Amerigo es un niño que vive en el sur de Italia. Es pequeño pero eso no le evita darse cuenta de la pobreza que la guerra ha dejado tras de sí. Su pequeña obsesión son los zapatos: va contando aquellos con los que se cruza en función de lo deteriorados que están. Su madre, una mujer soltera que, tras haber perdido ya un hijo, intenta subsistir y sacar adelante al que le queda, descubre una oportunidad para Amerigo.

Unas mujeres del partido Comunista han organizado una iniciativa para evitar la miseria de la guerra a los niños: aquellas familias que lo necesiten, podrán enviar a sus hijos con familias del norte de Italia que los cuidarán de forma temporal hasta que todo mejore.

Su madre no tiene ideales políticos. Por no tener no tiene ni estudios, ni dinero ni perspectivas de futuro. Lo único que tiene es la calle en la que vive y las vecinas que se ayudan como pueden entre ellas. No sabe al 100% si los rumores que llegan de la iniciativa de los niños son ciertos… Pero aunque Amerigo es lo único que le queda, decide montarlo en El tren de los niños con el objetivo de ofrecerle una vida mejor. Confiando en que esas familias del norte le den comida, estudios y lo que necesite. Aunque eso suponga vivir alejados madre e hijo.

Amerigo, junto a varios de sus amigos del barrio, abandonan las calles de su ciudad natal para conocer qué hay más allá. Cómo son esos comunistas y las oportunidades que pueden ofrecerles.

Basado en hechos reales

El tren de los niños de Viola Ardone es una novela de ficción ambientada en hechos reales. El partido comunista sí organizó la iniciativa de los trenes. De hecho, llevaron a más de 70.000 niños del sur al norte de Italia para alejarlos de la miseria de la posguerra. Y a día de hoy todavía hay muchos de esos niños vivos que sirvieron de inspiración a la autora para construir su relato. Algunos se quedaron unos meses, otros hasta un año.

Pero el libro va mucho más allá de este hecho. Trata sobre el sacrificio, sobre las consecuencias devastadoras de la guerra, sobre la lucha por la supervivencia, sobre la generosidad en momentos difíciles, la diferencia de clases y cómo la geografía en la que residas puede marcar totalmente tu destino.

Lo que hace especial el libro

El tren de los niños de Viola Ardone está narrado en primera persona y transcurre de 1946 a 1994. Prácticamente reúne toda una vida. El personaje principal hace gala de una personalidad tan entrañable que, sumado al tono del libro, te sumerge totalmente en en la historia, de una forma muy íntima y cercana. Es fácil empatizar con él y eso hace que el tema tan dramático (la guerra, la pobreza) se vea desde una perspectiva totalmente distinta por los ojos del niño.

Es curioso cómo, al estar contado desde la voz de Amerigo, el propio libro te lleva a desear en algún momento que se escape. Que se quede en esa «isla» de paz y posibilidades que plantea el norte. Esa nueva familia. Cuando realmente no deja de ser un tema terriblemente doloroso para la madre de éste, que no tiene ninguna posibilidad de ofrecerle una vida mejor a su hijo. Las familias que acogían a los niños no es que fuesen ricas. Pero al vivir en zonas rurales muchos de ellos eran ganaderos, agricultores, y eso les permitía tener un sustento que en las ciudades era difícil de encontrar. Y así, se unieron a la iniciativa para compartir lo poco que tenían con esos niños que tanto lo necesitaban.

Es curioso como la propia autora, Viola Ardone, hablaba del libro en el que reiteraba que aunque estuviese basado en hecho reales, la historia era ficción. Amerigo y su madre nunca existieron, pero a la vez reúne tantos detalles de ese período de entreguerras que supone un reflejo muy realista para muchas de las familias que vivieron esa época. Algunos niños volvieron, otros se quedaron. Pero muchos de ellos perseveraron gracias a esta iniciativa.

Creo que no hay una forma fácil a la hora de pensar en este período. Pero lo que sí es cierto es que ese acto de solidaridad fue real: gracias a ello muchos niños pudieron tener un futuro mejor. Ha sido una lectura agridulce, pero pese a ello la visión del niño consigue endulzar muchos momentos, reconfortando casi como un abrazo, reírte con sus ocurrencias y hacerte reflexionar.

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