No sabría decirte qué fue lo que me hizo conectar con la Generación Beat: quizá la libertad, las ganas de crear y vivir el momento o el increíble talento de muchos de sus autores. Desde que leí En el camino, he sentido una fascinación ridícula por ellos: por sus costumbres, sus gustos, su historia, sus aficiones.... por todo lo que les rodeaba. Pero hacía tiempo que no conseguía volver a sentir la emoción y la conexión que sentí la primera vez que leí la ópera prima de Jack Kerouac, hasta que me topé con Personajes secundarios de Joyce Johnson.

Uno de mis eventos favoritos del año es la Feria del Libro de Madrid. Por lo general el Parque del Retiro se transforma: se llena de color, de familias, de gente paseando entre casetas de libros y hay una gran cantidad de encuentros entre autores, lectores y editoriales.

Además de este momento, el año pasado anunciaron que habría una segunda cita anual para los amantes de los libros: la Feria editoriales Y librerías de Madrid. En esta ocasión el epicentro de la literatura pasaba a la mítica Plaza Mayor de Madrid y los protagonistas no serían los libros (aunque también), sino las editoriales y las librerías donde solemos comprarlos.

Imagina esta escena: nos encontramos en una casa colonial llamada Villa Diodati, en medio de una gran tormenta. A la luz de una gran chimenea se concentran varios escritores: Percy B. Shelley, Mary Godwin, su hermana Claire Clairmont y Lord Byron.

Llevan recluidos varios días a causa de un temporal, pese a ser verano, y, como el resto de noches, se divierten analizando avances científicos de actualidad y recitando relatos de terror gótico. En medio de la conversación, surge la idea, el reto: ¿Quién de ellos sería capaz de escribir el relato más aterrador? En esta idílica escena, todos los presentes se ponen a crear las bases de su propia historia.

Es en ese preciso momento no será donde nazca Frankenstein, pero esa noche sí será el detonante para que la autora sueñe con ello unos días después y dé a luz Frankenstein o el moderno prometeo, el libro cumbre de la escritora Mary Shelley.

Hace unos días me pasó algo increíble. Era algo con lo que siempre disfruto mucho: un amigo, poco lector, me dijo que tenía curiosidad por leer sobre feminismo, o libros más feministas. Aunque no me considero una experta en el tema, la posibilidad de acercarle a la literatura feminista me entusiasmó. Sin embargo, en cuanto me enfrenté a mi propia estantería, con mis títulos favoritos, me topé con ciertos prejuicios.

Hay veces que, cuando te ha pasado algo tan doloroso en el pasado, intentas cerrar todas las puertas que te llevan a eso por miedo a que te vuelva a romper en mil pedazos. Y aunque parece la solución más sencilla, lo cierto es que por mucho que intentes evitarlo, el dolor suele salir a flote cuando menos te lo esperas, reclamando su duelo. En La vida escondida entre los libros la autora Stephanie Butland reflexiona en torno al dolor y el poder curativo de la literatura. De cómo nos brinda un hogar cuando más lo necesitamos y de cómo nos ayuda a cicatrizar algunas heridas.

Hay veces, cuando lees un libro, que la trama te parece tan aterradoramente real, que pasas por sus páginas de puntillas repitiéndote una y otra vez "esto no pasaría aquí", con el objetivo de convencerte y sentirte un poco mejor. Por lo general el género de las distopías suele provocar en el lector el mismo sentimiento: miedo y curiosidad ante lo que podría pasar en un futuro cercano. Con The Handmaid's Tale (o el Cuento de la criada) pasa un poco lo mismo: nos provoca curiosidad por saber cómo sería esa realidad, pero nos trastorna y nos provoca escalofríos al caer en que podría darse perfectamente en nuestra sociedad.

Tenía este artículo escrito hace semanas, pero lo que vivimos el 8 de marzo me hizo sentir tantas cosas juntas que decidí reposarlo para intentar reflexionar en torno al papel de la literatura feminista en la lucha por la igualdad.

Hay veces que leemos para evadirnos, para divertirnos o para aprender. Pero hay otras en las que ocurre algo maravilloso: lees para pensar. Para reflexionar sobre tu entorno. Sobre tu pasado o sobre ti mismo. Y esto es una de las cosas que te provoca el libro El fin de la soledad de Benedict Wells. Un libro duro, triste, pero también humano y real.

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