Hay libros que entretienen, que acompañan y divierten en noches vagas. Otros que curan, que llegan justo en el momento necesario para aliviar algún dolor. Pero también tenemos otros, como en este caso es el de Desencajada de Margaryta Yakovenko, que escuecen. Duelen. Revuelven. Pero, después de todo eso, también calman.

Cuando terminé de leer Desencajada tuve que dejar el libro unas cuantas semanas (incluso me atrevería a decir, un mes) en barbecho. Porque me había removido tanto por dentro que sabía que la reseña me iba a costar. No escribirla, sino reunir todo lo que me había hecho sentir en un puñado de palabras. Así que, si te apetece saber más, echa un vistazo más abajo.

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